El feminismo tiene corazón rojo

Es justo y necesario homenajear una vez más a Los Prisioneros, una banda auténtica cuya música ha trascendido en la historia de nuestro país. En esta ocasión mis elogios van dirigidos a una canción ícono de este conjunto: “Corazones rojos”, cuya singularidad se resume en un sólo concepto: feminismo.

Corrían los años 90’s y en las radios de Chile sonaba un joven y aclamado Jorge González acompañado de la batería de Miguel Tapia y el apasionado guitarreo de Claudio Narea. Ya no son las injusticias de la educación chilena ni el renacer de la juventud de los ochenta los hechos que motivan a este conjunto a componer, ahora es más bien turno de la mujer desaventajada.

“Corazones rojos” es una cruda radiografía de la cultura machista imperante en Chile, en donde la mujer se subordina a las órdenes dictadas por el patriarcado y limita su participación en la sociedad a una sola labor: obedecer. Somos ciudadanas de segunda clase, sin privilegios y sin honor, así lo expresa Jorge González en su canción y así es como se ordena el mundo: Somos agredidas, menospreciadas y vulneradas solo por haber nacido con vagina y ellos con pene.

No hay argumentos que validen esta condición desventajosa de forma justa, un “porque sí” que se respalda fundamentalmente en dios y la “naturaleza” de las cosas. Así es como Los Prisioneros por medio de rimas y melodías rockeras nos entregan sin metáforas ni eufemismos, el triste escenario de la injusticia y la violencia que le ha tocado por nacimiento a la mujer.

Búscate un trabajo, estudia algo, la mitad del sueldo y doble labor”. La inserción de la mujer en el mundo laboral ya no es algo que genere rechazo dentro de la sociedad, hoy el problema se enfoca en la brecha salarial existente entre hombres y mujeres, en donde pareciese ser que nacer bajo un género determinado puede significar una bonificación o si bien (en el caso de la mujer) un perjuicio. A lo anterior se le agregan las labores extras que deben realizar las féminas dentro de su núcleo familiar. Es decir, ya no sólo es una fuente de ingreso, sino que también es madre y esposa, por lo tanto debe encargarse de mantener orden y limpieza dentro de su hogar sin obtener una remuneración económica por realizarlo.

En la casa te queremos ver lavando ropa, pensando en él con las manos armentosas y la entrepierna bien jugosa”. Frente a esto no me sorprendería ver en el futuro a alguna máquina construida a imagen y semejanza de la mujer que se encargue de satisfacer las necesidades tanto primarias como sexuales del hombre. Tampoco me alarmaría si en un tiempo más la RAE nos termine por definir como objetos.

Hoy en día los “Corazones rojos” siguen vigentes y parecen no tener fecha de caducidad. Hace un par de meses atrás vimos como el diputado Gabriel Boric citaba esta canción en medio de una intervención en el Congreso, poniendo énfasis a la desigualdad de género presente en nuestra sociedad y la escasez de políticas estatales para erradicarla. Aquello reafirma la importancia y trascendencia de esta pieza musical. Dos décadas nos separan de su lanzamiento y a pesar de que nos situamos en un contexto diferente y los protagonistas ya no sean los mismos, la crítica musicalizada de esta canción sigue siendo válida y acorde a nuestra realidad.

Pero no todo se trata de elogios y odas. Hay algo de esta canción que me genera algo de ruido. ¿Qué pasaría si esta misma composición hubiese estado bajo la autoría de una mujer?. El hecho que “Corazones Rojos” sea interpretada única y exclusivamente por hombres me inquieta un poco. Es que, ¿Por qué esta denuncia musicalizada tiene un acento masculino?. Ahora bien, es necesario destacar que “Corazones rojos” no es la única canción que pone en manifiesto las dolencias del género femenino, otro ejemplo destacable es:  “Una mujer que no llame la atención” (Pateando piedras,1986). En donde González describe a su dama de sus sueños -irónicamente-, la cual es sumisa, recatada y excesivamente disciplinada; algo así como la mascota ideal. La lírica de Los Prisioneros, independiente si se trate de feminismo o no, logra llegar de forma efectiva y certera a gran parte de la población, con mensajes crudos y sobrecargados de realidad; un triunfo para la música de protesta, un arte que busca ser una herramienta de concientización social. Ahora, el paso que sigue es tomar acción, fortificar el feminismo e internalizarlo en todos los integrantes de nuestra sociedad, vale decir, hombres, mujeres, niños, niñas e incluso quienes aún no se sienten parte de un género en concreto. Mientras no logremos masificar el movimiento “seguirá esta historia, seguirá este orden, porque dios así lo quiso, porque dios también es hombre.”

 

*Figuro intentando rescatar aquellos textos que hoy duermen en alguna página web olvidada. Este texto, al igual que el de Juan Gabriel, fueron formulados al interior de Balmaceda Arte Joven <3.

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